El cocinero navarro Koldo Rodero tiene dos sitios obligados a los que lleva siempre a la que gente de fuera que viene a visitarle. El Monasterio de Leire y las Bardenas Reales son dos de los lugares de Navarra de los que le gusta presumir frente a sus invitados.
“Pasé mucho años de la juventud haciendo acampadas en Yesa y hacíamos muchas rutas turísticas por el Monasterio de Leire”, cuenta Rodero. Además, dos de sus monjes son “muy amigos” del restaurador. Jose Manuel y Germán, el licorero, que “es un poco el alquimista del monasterio”, a quienes tiene “mucho cariño” y con quienes le une “una relación especial”. Por eso el dueño del restaurante Rodero de la capital navarra suele ir siempre que puede al antiguo monasterio del que existen noticias documentadas ya en el siglo IX.
“La cripta también es maravillosa”, asegura. “Uno de los románicos más antiguos que tenemos, del siglo IX”, añade. Pero el restaurador no sólo disfruta con la visita al edificio, “el entorno en el que se encuentra situado también me gusta mucho”, explica. Bosques de hayas y pinos royos junto a quejigos, robles peludos, encinares y carrascales es la vegetación que rodea al conjunto monástico. Además, no es difícil ver quebrantahuesos sobrevolando la zona.
La segunda elección tampoco le llevó tiempo pensarla. “Las Bardenas reales”, dijo sin dudar. “Porque solemos ir con mi amigo Florena a una de las chabolas que tiene de pastores y ver ese paisaje semidesértico...”, explica. Pero la razón principal de que se decantara por este parque natural es otra. “Sobre todo por el silencio...”, asegura. Y añade convencido “ese silencio que creo que no existe en ningún otro sitio de Navarra. Yo creo que es un silencio especial”. 42.000 hectáreas de desierto y vegetación que contienen tres reservas naturales.
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